De la Real Academia Española (RAE) y el lenguaje inclusivo

Una perspectiva crítica

Héctor B. Olea C.

El problema es confundir la gramática con el machismo“, sugiere el señor Darío Villanueva, director de la Real Academia Española (RAE).

Ahora bien y, no obstante, el verdadero problema consiste precisamente en pretender ignorar la forma en que el machismo y el patriarcalismo han moldeado el uso de la lengua y su gramática (su normativa).

Además, no es posible soslayar que han sido los contextos socioculturales patriarcales los que han trazado las pautas para el uso de la lengua, su normativa (gramática), y las formas de hacer referencia a muchas cosas y objetos (incluso y por supuesto, en la terminología religiosa), tomando de modelo precisamente la figura masculina, y curiosamente mediante la pluma, el genio y el papel decisivo y legitimador de intelectuales varones.

En tal sentido, es preciso poner de relieve lo sexista de las palabras «hijos», «niños», empleadas como inclusivas (dando por sentada la presencia de la mujer a pesar de ambas estar en género gramatical masculino, en un universo donde probablemente las mujeres superen en número la presencia masculina, tal vez se encuentren a la par, pero no necesariamente superando la presencia masculina la femenina); cuando constatamos la resistencia que existe a que se empleen como igualmente inclusivas las palabras «hijas», «niñas» (dando por sentada la presencia del varón a pesar de ambas estar en género gramatical femenino, en un universo donde probablemente las varones superen en número la presencia femenina, tal vez se encuentren a la par, pero no necesariamente superando la presencia femenina la masculina).

Por supuesto, no tiene ningún peso alegar (respecto del empleo inclusivo de las palabras «hijos», «niños») que no se debe confundir el género gramatical de las palabras con el sexo de las personas, cuando observamos que precisa y curiosamente se obvia ese alegato para la resistencia a que las palabras «hijas», «niñas» también puedan emplearse como inclusivas, y de pleno derecho.

En suma, es indiscutiblemente una actitud sexista el asumir como gramatical y semánticamente correcto, el empleo inclusivo de las palabras «hijos», «niños» (dando por sentada la presencia femenina), pero no el empleo de las palabras «hijas», «niñas», las cuales se han de emplear sólo para hacer referencia a un universo donde se supone que nada más la mujer está presente, donde la presencia masculina se considera ausente, por lo que, gramatical y semánticamente, no se puede dar por sentada (aunque estuviere).

Finalmente, llama la atención que de 46 miembros que tiene la RAE, 38 son hombres, y sólo 8 son mujeres (Aurora Egido, Carmen Iglesias, Soledad Puértolas, Margarita Salas, Carmen Riera, Paz Battaner, Clara Janés e Inés Fernández), así de sencillo.

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