El nombre “Jehová” ¿traducción o transliteración?

Una Perspectiva crítica y desde las ciencias bíblicas

 Héctor B. Olea C.

 Introducción:

¿Por qué decir el nombre “Jehová”? ¿No existen también otras formas del mismo nombre, reflejados por algunas versiones de la Biblia? Efectivamente, además de la forma Jehová que encontramos en la Reina Valera 1960 y en la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, existen otras variantes que se pueden testimoniar por otras versiones de la Biblia misma, por ejemplo: Jehováh (en la Reina Valera Actualizada de 1989), Yahvé (Biblia de Jerusalén), Yavé (La Biblia Latinoamérica), Yahveh (Sagrada Biblia Cantera-Iglesias), Yahweh (La Biblia Peshita en español), YHWH (La Biblia textual).

Respecto de estas variantes, lo que diré por ahora, es que representan esfuerzos distintos por reproducir de la mejor manera el tetragrámaton hebreo (las clásicas cuatro consonantes “YHVH” o “YHWH” que sirven de base al sagrado y nombre propio del Dios de Israel.

El asunto se torna problemático ya que ni siquiera en cuanto a la transliteración de las cuatro consonantes se ha podido lograr un consenso. Quizás la transliteración más popular del tetragrámaton es YHWH. La otra transliteración que compite y que tal vez, podríamos decir que se está imponiendo es YHVH.

Todo esto demuestra que los intentos por reproducir fonéticamente el valor de las cuatro consonantes hebreas así como ofrecer una adecuada traducción del nombre sagrado no han sido pocos, y los resultados han sido muy diversos.

Toda esta problemática exige que una explicación de la misma que tenga aspiraciones de ser adecuada y consistente, tenga que tomar y considerar seriamente la historia del texto hebreo del Tanaj o Biblia Hebrea, el llamado “Antiguo Testamento” (sólo por los cristianos) y sus posteriores traducciones al griego y al arameo.

Pero, ¿por qué se le llama “texto masorético” al texto hebreo vocalizado?   

La palabra “masorético” es un adjetivo que significa “relativo a los masoretas”. ¿Pero quiénes fueron los masoretas?

El origen de la palabra “masoreta” tiene dos explicaciones básicas: 1) hay quienes la ha derivado de una raíz “’asar” que significa “amarrar”. Con esta raíz se sugiere que la “Masora” es una especie de defensa que protege la escritura. 2) La otra derivación es la raíz “msr” que significa “transmitir”, concibiendo la “masora” como “tradición”.

Los masoretas fueron los continuadores de los “soferím”. Entonces se impone que digamos algo sobre estos. “La mayoría de los autores coinciden en reconocer a los soferím  (escribas) los discípulos de Esdras el escriba, como los primeros en trabajar en la preservación del texto bíblico. Ellos son considerados los antecesores de los masoretas… La actividad de estos escribas parece haber finalizado en torno al siglo I d.C., cuando se produjo la estandarización del texto bíblico y comenzó otra fase de la historia del mismo… Su labor está atestiguada en el Talmud, la Mishná y los midrashim” («Masora, la transmisión de la tradición de la Biblia hebrea», Verbo Divino, páginas 51-52).

“La actividad de los soferim o escribas profesionales se enmarca dentro de la tarea de fijar el texto bíblico con exactitud. Los soferim se ocuparon de indicar en el texto una serie de alteraciones ortográficas (letras grandes y pequeñas, puntos extraordinarios, letras suspendidas, etc.) y fueron  los encargados de dividir la Biblia hebrea en secciones litúrgicas (sedarím y parashot)” («Masora, la transmisión de la tradición de la Biblia hebrea», Verbo Divino, página 52).

Con relación a los masoretas, la recién citada obra nos dice: “La actividad de los masoretas, continuadores de lo soferim, se data en torno al siglo II d.C., aunque el período propiamente masorético se sitúa entre  los años 500 y 1000, cuando las noticias que habían sido transmitidas oralmente se consignan por escrito en los códices. El propósito de la Masora «tradición» era la transmisión fiel e inalterable del texto normativo, asegurándose  de que no se cambiara nada, ni siquiera errores o detalles, por pequeños que fueran. El carácter sagrado de la Biblia hacía imprescindible que el texto se copiara de forma precisa y exacta” (página 28).

Ahora bien, cuando a partir del siglo VI d.C. los masoretas comenzaron a experimentar con los signos diacríticos para indicar las vocales y los acentos, esto dio como resultado tres sistemas básicos de puntuación: el babilónico, el palestinense y el tiberiense (o tiberiano).

Con respecto a estos tres sistemas de puntuación, Julio Trebolle Barrera nos dice: “A) El sistema babilónico, desarrollado en el siglo VIII d.C., es supralineal; los signos vocálicos se escriben sobre las consonantes. Aparece utilizado todavía en algunas ediciones del targúm y en textos yemeníes. La secta de los caraítas contribuyó de modo decisivo al perfeccionamiento del sistema babilónico así como también del palestino. B) El sistema palestinense fue utilizado entre los años 700 y 850, y evolucionó hasta dar el paso al sistema tiberiense. C) El sistema tiberiense es el utilizado en las ediciones actuales de la Biblia hebrea. El período de florecimiento de la escuela de Tiberíades  abarca desde el 780 al 930 d.C. Durante este tiempo se sucedieron seis generaciones de la familia más famosa de masoretas, los Ben Asher. El representante más conocido y autorizado  de la familia  es el último de la serie, Aaron  ben Asher, quien editó un texto completo de la Biblia hebrea con vocales, acentos y la correspondiente masora (tradición)” («La Biblia judía y la Biblia cristiana», Verbo Divino, página 296).

De todos modos, una advertencia importante es que estos tres sistemas de vocalización no reflejan, en lo esencial, pronunciaciones diversas del texto consonántico, sino maneras distintas de representar la pronunciación de las palabras («Masora, la transmisión de la tradición de la Biblia hebrea», Verbo Divino, página 33).

Análisis y explicación lingüística y gramatical del tetragrámaton

 Lingüísticamente la etimología del tetragrámaton está ligada a dos verbos hebreos que significan lo mismo: ser, existir, estar. Estos verbos son “hayáh” y haváh”. La apelación a estos dos verbos se plantea casi como obligatoria por lo que encontramos textualmente en Éxodo 3.13-15, texto que explica el origen del sagrado y nombre propio del Dios de Israel. Una traducción que refleja bien el sentido del texto hebreo de Éxodo 3.14 es: “Dios le respondió a Moisés: Yo seré el que seré (Yo seré el que estaré). También le dijo: así le dirás a los hijos de Israel: Yo seré me ha enviado a ustedes”.

Obviamente, esta traducción que personalmente he hecho de Éxodo 3.14 difiere de la conocida a través de la Reina Valera 1960. La razón es que yo he seguido el texto hebreo, pero la Reina Valera y otras han seguido el texto de la Septuaginta, que dice: “Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy: También le dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me ha enviado a ustedes”.

Con relación al significado y rigen del nombre, el «Diccionario Teológico Manual del AT», citando a Gerhard Von Rad afirma: “únicamente en Éxodo 3.14 y dentro de una interpretación teológica relativamente complicada, se da un significado al nombre de Yahvé; ahora bien, prescindiendo de si, etimológicamente es correcto o no, debe señalarse que este significado es válido sólo para un grupo de israelitas. (Tomo I, página 969).

Con relación al origen del nombre Yahvé, Adolfo D. Roitman plantea: “El Tetragrámaton (en griego, «compuesto de cuatro letras») o el nombre sagrado de Dios YHWH, que se acostumbra a vocalizado según la forma Yahveh (o la corrupta Jehová), habría tenido su origen en grupos nómadas localizados en la zona de la península del Sinaí al sur de la tierra de Israel, según testimonios arqueológicos hallados en el templo de Amón en Soleb (Nubia, al sur de Egipto) o la lista del rey egipcio Ramsés II hallada en Amrah West” («Biblia, exégesis y religión, una lectura crítico histórica del judaísmo», páginas 215-216).

El uso del tetragrámaton en el texto masorético

Ahora bien, con relación a las distintas transliteraciones que hemos mencionado y que nos han llegado a través de las distintas versiones de la Biblia, lo primero que tenemos que hacer es preguntarnos si lo que procede es una traducción del tetragrámaton, según la intención expresada por la vocalización del mismo en la tradición masorética, o la simple transliteración del mismo.

Pero antes de seguir creo que debemos tener bien claro que el nombre “Jehová” está ligado a la etapa del texto hebreo vocalizado. Esto significa que el texto consonántico nada puede aportar en esta discusión. Por eso, decir que los descubrimientos del Mar Muerto de 1947 confirman la antigüedad de dicho nombre, carece de todo fundamento. Lo que sí puede decirse es que hay en dichos manuscritos ejemplos del uso del tetragrámaton, que, por supuesto, no es lo mismo.

No olvidemos que los textos encontrados en Qumrán datan de hasta dos siglos antes de Cristo, pero que el texto hebreo consonántico de la Biblia hebrea no fue vocalizado por los masoretas sino con posterioridad por lo menos al siglo V de nuestra era. En conclusión: no hay en Qumrán ejemplos de manuscritos vocalizados, pues son anteriores a la etapa de los masoretas. Por otro lado, no hay ejemplos en Qumrán de manuscritos que confirmen la presencia del tetragrámaton con una vocalización que confirme por lo menos la transliteración “Jehová”.

Pero de nuevo, está latente la pregunta: Jehová, ¿traducción o transliteración? ¿Qué intención tenían los masoretas al vocalizar el tetragrámaton en la forma en que lo encontramos en el texto masorético, en la tradición masorética?

Como transliteración, hay evidencias que apuntan a que probablemente la más antigua vocalización es “Yahvéh”. Esta vocalización encuentra apoyo en una transcripción griega, “Iabé”, que según Francisco Lacueva aparece en el Pentateuco griego samaritano («Curso práctico de Teología Bíblica», CLIE, página 28). A la luz de esta evidencia son comprensibles las siguientes transliteraciones: Yahveh, Yavé, Yaweh, Yahve. Lo penoso es que la vocalización que estaría detrás de la transcripción griega “Iabé” no se la encuentra en el texto masorético. Por lo tanto, la solución o explicación, ajustándonos al texto masorético, tendremos que buscarla más bien por otra parte.

Respecto a la vocalización del tetragrámaton, diré lo siguiente. Hay evidencias de que en las ediciones impresas de la Biblia Hebrea hay dos vocalizaciones muy parecidas, pero distintas en un solo punto.

Por un lado tenemos la vocalización que muestra la Biblia Hebreo-Español («Textus Receptus»), de Moisés Katznelson, a saber, “YeHoVaH”. Esta vocalización ha originado las siguientes transliteraciones: Jehováh, Jehová.

Por otro lado, el texto hebreo (Códice de Leningrado) de la tercera edición de la Biblia Hebraica editada por Rudolph Kittel (1937) y la actual Biblia Hebraica Stuttgartensia (1967-77), muestra la siguiente vocalización: “YeHVaH”.

Ahora bien, la pregunta del millón: ¿se legitima el uso del nombre “Jehová” con base en la vocalización “YeHoVaH” que muestra el texto hebreo de la Biblia Hebreo-Español?

Lo cierto es que a pesar de lo que piensan muchas personas, la vocalización del tetragrámaton no justifica el uso del nombre “Jehová”. ¿Por qué? Porque con la aparente intención de ocultar la más antigua y posible original pronunciación del sagrado nombre, los escribas (los masoretas) emplearon las vocales de otros dos nombres más comunes.

La evidencia que aporta la Septuaginta

En la Septuaginta (traducción griega del Tanaj, Biblia Hebrea, el AT, en principio sólo el Pentateuco,  hecha alrededor de la segunda mitad del siglo III antes de nuestra era) muestra la tendencia de traducir el tetragrámaton con la palabra “Kúrios” –“Kýrios” (Señor), no importando su vocalización. Pero no siempre mantuvo esta tendencia. Aquí tenemos que traer a la memoria la posibilidad de que en algunos casos, la Septuaginta refleje un texto hebreo distinto al masorético.

Para demostrar lo que estoy diciendo, voy a tomar a Génesis capítulo 4, un pasaje donde encontramos la presencia del nombre “Jehová” en diez ocasiones en la Reina Valera de 1960. En este capítulo encontramos el nombre “Jehová” en los siguientes versículos: 1, 3, 4, 6, 9, 13, 15 (dos veces), 16 y 26.

En todos estos versículos el texto hebreo de la tercera edición de la Biblia Hebraica editada por Rudolph Kittel (1937) y de la actual Biblia Hebraica Stuttgartensia (1967-77), el Códice de Leningrado, el tetragrámaton tiene la siguiente vocalización: “YeHVaH”. Pero el texto hebreo de La Biblia Hebreo Español, de Moisés Katznelson, en cambio, tiene el tetragrámaton con la vocalización “Yehovah” (pero lo traduce “el Eterno”).

Lo interesante es que en la Septuaginta la situación es más complicada, lo que nos obliga a ir versículo por versículo.

Versículo 1) “tu theú”, forma de “theós” (Dios)

Versículo 3) “tu kuríu”, forma de “kúrios” (Señor)

Versículo 4) “jo theós” (Dios)

Versículo 6) “kúrios jo theós” (Señor Dios)

Versículo 9) “jo theós” (Dios)

Versículo 13) “ton kúrion”, forma de “kúrios” (Señor)

Versículo 15) “kúrios jo theós” (Señor Dios), las dos veces.

Versículo 26) “kuríu tu theú” forma de “kúrios” y “theós” (Señor y Dios)

Se nota de nuevo la falta de uniformidad con que la Septuaginta tradujo el tetragrámaton, tomando como referencia el texto masorético, el texto hebreo vocalizado. Obviamente, no es imposible aquí la lectura por parte de la Septuaginta de un texto hebreo distinto al masorético.

Ante estos resultados podemos decir que, a pesar de todo, en términos generales la vocalización masorética del tetragrámaton viene a confirmar la tendencia de la Septuaginta, como ya lo he demostrado.

Precisamente son valiosas aquí las palabras de Francisco Pérez Castro, cuando dice: “Actualmente una fuerte corriente de opinión científica mantiene que, del mismo modo que los masoretas no introdujeron innovaciones artificiales en las formas gramaticales-aunque en gran parte estuvieran ya en desuso- y supieron mantener las antiguas al vocalizar el AT, tampoco se propusieron reflejar su propio modo de entender y pronunciar el texto, sino que transmitieron la lectura y la comprensión tradicionales del mismo… De modo que, si bien es cierto que los masoretas inventaron los signos gráficos para leer debidamente el texto consonántico, no crearon esa forma de lectura. El modo de leer el texto consonántico se transmitió oralmente de maestros a discípulos en una cadena escolástica sin solución de continuidad. Lo que hicieron, pues, los masoretas en el aspecto vocálico sería recoger esa tradición de escuela tan fidedigna y segura como la del texto consonántico” (Citado por Elvira martín Contreras y Guadalupe Seijas de los Ríos Sarzosa en «Masora, la transmisión de la tradición de la Biblia hebrea», página 34).

Esta sospecha de la que nos habla Francisco Pérez Castro parece más verosímil cuando constatamos que la vocalización masorética concuerda en líneas generales con la Septuaginta en nuestro tema en cuestión, a pesar de que la Septuaginta es anterior al texto masorético aproximadamente unos siete siglos.

El “quere” –“qere” (lo que debe ser leído) y el “ketib” (lo que está escrito)

«Quere» (leído) y «Ketib» (escrito) son dos términos (participios) arameos que usaron los masoretas para manejar algunas situaciones anómalas en el texto consonántico que habían recibido. Entonces, cuando ellos detectaban una forma errónea en el texto decidieron dejar intacto el texto recibido, colocaban un circulillo o asterisco encima de la errata (el «ketib», lo escrito), le añadían la vocal o vocales del «quere» (lo que debe ser leído), y colocaban al margen las consonantes de la palabra que entendían correcta.

El llamado “quere” perpetuo

Consiste en una corrección tan frecuente que, por su frecuencia no lleva circulillo ni nota a margen. Su corrección se indica con la sola colocación de las vocales sugeridas por los masoretas. El ejemplo más clásico de este tipo de corrección lo constituye precisamente la vocalización del tetragrámaton.

La solución masorética fue la siguiente: 1) Cuando el tetragrámaton está sólo, aparece con la vocalización de “Adonay” (Señor), así “Yehváh” o “Yehováh”, para que se lea “Adonay” y se traduzca “Señor”.

2) Cuando el tetragrámaton va precedido de “Adonay”, entonces se vocaliza con las vocales de “Elohím” (Dios), así “Yehvíh” o “Yehovíh” para que se lea “Elohím”, y se traduzca “Dios”. Esta vocalización del tetragrámaton, cuando va precedido de “Adonay”, explica la traducción “Señor Dios”.

3) Cuando el tetragrámaton va seguido de “Elohím”, entonces vuelve a ser vocalizado con las vocales de “Adonay”, para que se lea igualmente “Adonay”, así “Yehváh” o “Yehováh” y se traduzca “Señor”. Esta vocalización del tetragrámaton, cuando va seguido de la palabra “Elohím”, explica la traducción “Señor Dios”.

Siguiendo, entonces, la evidencia de la Septuaginta y del Texto Masorético, concluimos en que lo más correcto no es transliterar el tetragrámaton, sino traducirlo. Y esta es precisamente la opción que han adoptado las versiones modernas de la Biblia que no tienen ningunas de las transliteraciones conocidas (YHWH, YHVH, Jehová, Jehováh, Yahvé, Yavé, Yahveh, YAHWEH).

La traducción del tetragrámaton en los targúmenes (Targumín)

Targumín es la forma hebrea y aramea plural de la palabra de origen arameo targúm, y que significa “traducción”. La expresión “targúmenes” es una expresión plural castellanizada.

Se reconoce que el arameo se había convertido en una lengua internacional y dominante en Siria y Palestina, bajo el dominio de Babilonia y Persia (se ubica el imperio caldeo o neo babilónico entre el 626 al 559 a.C. y el imperio Persa del 559 al 339 a.C. a.C.). En esta situación, el pueblo hebreo asimiló el arameo como lengua común, situación que prevalecía aún en los tiempos de Jesús. Pero como los libros sagrados habían sido escritos en hebreo, se fue haciendo necesaria su traducción al arameo. De todos modos, las traducciones al arameo preceden y suceden a la sinagoga, que surge alrededor del siglo III a.C. Hoy existen targúmenes prácticamente de todo el AT con excepción de Esdras, Nehemías y Daniel.

Ahora bien, a pesar de que la traducción del hebreo al arameo al principio fue oral, lo cierto es que los targúmenes (Targumín) llegaron a tener una expresión escrita, principalmente para su uso en la sinagoga, aunque luego su uso se extendió hacia fuera del contexto de la sinagoga. Se afirma que para el siglo I, a.C. hay suficientes testimonios de la existencia y uso de tales traducciones en las sinagogas. Una característica esencial de los targúmenes es que constituían un tipo de traducción con tendencia a la paráfrasis.

El uso del tetragrámaton en los targúmenes

Podemos decir que los targúmenes siguen la tendencia del texto masorético  en cuanto a la vocalización y lectura del tetragrámaton. Este hecho se hace evidente en su actitud frente a la expresión “Adonay YeHViH” (o “Adonay Yehovíh”). La tendencia de los targúmenes es cambiarla por el sintagma “Adonay Elohim”, a fin de evitar el pleonasmo o tautología “Adonay Adonay” (“Señor señor”).

 En conclusión, la formula targúmica “Adonay Elohím” (Señor Dios”), cuando el texto masorético tiene al sintagma “Adonay Yehvíh” (o “Adonay Yehovíh”), igualmente “Señor Dios”, concuerda, por un lado, con la vocalización masorética y, por otro lado, confirma la lectura que por lo general hizo la Septuaginta del tetragrámaton, cuando aparece solo y en las combinaciones analizadas.

El manejo targúmico del tetragrámaton es una evidencia más en contra de cualquier transliteración del mismo en cualquiera de sus formas conocidas, incluyendo el nombre “Jehová”, que no es propiamente un nombre, sino una transliteración. Transliteración innecesaria e ilegítima a la luz del texto masorético, la Septuaginta y los targúmenes.

El uso y manejo del tetragrámaton en las traducciones modernas de la Biblia

A) La traducción del tetragrámaton en la Biblia Hebreo-Español de Moisés Katznelson. Esta versión hecha en Israel generalmente traduce el tetragrámaton como “el Eterno”. Ahora bien, quiero llamar la atención al hecho de que, por un lado, la traducción “el Eterno”, puede ser el reflejo de la frase hebrea «YHVH ’el ‛olam» («el Señor Dios Eterno», por ejemplo, Génesis 21.33); por otro lado muy bien puede ser el reflejo de la traducción que hizo la Septuaginta de la frase hebrea «’ehyeh ’asher ’ehyeh» («Yo seré el que estaré, yo seré el que seré», en Éxodo 3.14, o sea, «egó eimí jo on» (yo soy el que soy y el que seré, yo soy el que estoy y estaré, yo soy el que soy y seguirá siendo, yo soy el que estoy y el que estará, el que seguirá estando). En tal sentido, llama la atención que en su obra citada, Adolfo D. Roitman, en una nota al pie de página, sugiere: “La frase «Yo soy el que soy» es ciertamente esotérica. Según parecería ser, la misma significaría tal vez el «Ser Eterno», el «Imperecedero» (página 216).

B) La traducción del tetragrámaton en las versiones de la Biblia realizadas mediante la equivalencia formal (literales). Éstas no lo traducen, más bien lo transliteran, originando las formas YHWH, YHVH, Jehová, Jehováh, Yahvé, Yavé, Yahveh, YAHWEH. Un ejemplo de una versión cristiana de la Biblia que ha optado por no colocarle vocales al tetragrámaton es la llamada “Biblia textual”, que lo translitera simplemente como “YHWH”.

C) La traducción de tetragrámaton en las versiones de la Biblia realizadas mediante la equivalencia dinámica (no literales), es: Señor, Señor Dios. Lo traducen, no lo transliteran.

 Conclusiones:

1) El texto hebreo del AT (más bien Tanaj o Biblia Hebrea), se transmitió por varios siglos sin vocales, sólo con caracteres consonánticos.

2) El texto hebreo del AT (más bien Tanaj o Biblia Hebrea), no recibió la forma en que actualmente lo conocemos sino hasta después del siglo VI de nuestra era.

3) Los manuscritos encontrados en los alrededores del Mar Muerto (los manuscritos de Qumrán de 1947), son anteriores a la época masorética en más de quinientos años.

4) Fueron los masoretas los escribas que inventaron los signos gráficos para representar las vocales y acentos en el texto consonántico que habían recibido y que se había estandarizado para el primer siglo de nuestra era.

5) No hay testimonio en Qumrán de manuscritos vocalizados, pues los encontrados se copiaron con anterioridad a la época de los masoretas.

6) No hay en Qumrán evidencia de ninguna de las transliteraciones vocalizadas del tetragrámaton (incluyendo a “Jehová”), pues estas sólo se explican a la luz de la vocalización masorética del texto hebreo consonántico que, como ya dijimos, es muy posterior a Qumrán.

7) El texto masorético que hoy reproducen prácticamente todas las ediciones modernas de la Biblia Hebrea, no fue el único tipo de texto que existió, sino el único que sobrevivió.

8) Los hallazgos en Qumrán vienen a confirmar que la Septuaginta en muchos casos tuvo como texto fuente un original texto hebreo distinto al texto masorético.

9) Las distintas formas de emplear el tetragrámaton (las cuatro consonantes hebreas del nombre propio de Dios), tienen dos razones básicas. La primera: hay versiones de la Biblia que no han traducido el tetragrámaton, sino que lo han transliterado. En segundo lugar: hay versiones de la Biblia que no han transliterado el tetragrámaton, sino que lo han traducido.

10) Las versiones de la Biblia que no traducen el tetragrámaton, sino que más bien lo transliteran, son las que tienen una de las siguientes variantes: Jehová, Jehováh, Yahvé, Yavé, Yahveh y Yahweh, YHVH, YHWH.

11) La vocalización y lectura que muestra el tetragrámaton en la Biblia Hebrea o Tanaj, constituye un «quere perpetuo», una forma de indicar su lectura y traducción. Esta recomendación masorética pone en serio cuestionamiento las distintas transliteraciones que se emplean hoy en las traducciones de la Biblia, incluyendo la muy popular, “Jehová”.

12) Las versiones de la Biblia que traducen el tetragrámaton siguiendo la tradición masorética, no usan la transliteración “Jehová”, ni ninguna de sus variantes.

Dichas versiones traducen el tetragrámaton por “Señor”, y en la misma línea, las frases “Jehová Dios” y “Señor Jehová” son traducidas como “Señor Dios”, “Señor y Dios”, “Dios el Señor”, etc.

13) Consideramos que la mejor opción es, siguiendo la tradición masorética, la Septuaginta, y en parte a los Targúmenes, leer el tetragrámaton por “Adonay” y traducirlo por “Kúrios”-“Kýrios” (Señor), evitando cualquier transliteración.

14) «Jehová» no es una traducción, sino una transliteración.

15) La traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras (la de los Testigos de Jehová) no es consistente en su lectura, interpretación y traducción del tetragrama. Esto así, pues, mientras que con la vocalización “Yehváh” o “Yehováh” pretende justificar el nombre (más bien la transliteración) “Jehová”; en cambio con relación a la vocalización igualmente masorética “Yehvíh” o “Yehovíh” no extrae el nombre “Jehoví”.

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15) Simian Yofre, Horacio (editor). (2001). Metodología del Antiguo Testamento. España: Ediciones Sígueme.

 

¡Hasta la próxima!

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