El uso de la palabra «dios» con letra inicial minúscula es bíblico

Una conclusión con base en los idiomas originales de la Biblia

Héctor B. Olea C.

¿Qué indica el empleo de una letra inicial mayúscula?

“La letra inicial de una palabra, se escribe en su forma mayúscula para dar relieve a esa palabra, aludiendo al especial carácter de lo significado por ella (tratamiento especial, digo yo) o indicando que ella encabeza el discurso o la oración (tratamiento común con base en las normas gramaticales de la lengua castellana, digo yo)” (Manuel Seco en «Diccionario de dudas y dificultades de la legua española», ESPASA).

Ahora bien, las personas muy amantes, preocupadas y defensoras a ultranza de que las palabras, los nombres relacionados y distintivos de la deidad de la tradición judeocristiana se escriban siempre con letras iniciales mayúsculas, tales como «Dios», «Padre», «Hijo», «Cristo», «Espíritu Santo»; pero que a la vez se muestran muy preocupadas por la adecuación de la traducciones y versiones de la Biblia a los textos hebreos, arameos y griegos, la que podríamos llamar «Biblia madre», «Biblia fuente», no deberían ignorar las pistas y hechos que pongo de relieve en este breve artículo.

El hebreo y el arameo no distinguen entre mayúsculas y minúsculas

Es preciso poner de manifiesto (las personas amantes de la Biblia tienen el derecho de saber) que las dos lenguas originales de la Biblia Hebrea (Tanaj, AT), el hebreo y el arameo no hacen distinción entre letras mayúsculas y letras minúsculas. En otras palabras, que tal distinción y clasificación no forma parte de las características y propiedades de estas dos lenguas, las lenguas originales del AT, o mejor dicho, la Biblia Hebrea o Tanaj.

El griego koiné sí distingue entre mayúsculas y minúsculas

Con relación a la lengua original del NT, el griego koiné, si bien en esta sí existe la clasificación y distinción entre letras mayúsculas y letras minúsculas; muy a pesar de esto, resulta que en el Nuevo Testamento Griego (como en la Septuaginta) la palabra «dios» (theós), la palabra «padre» (patér), la palabra «hijo» (juiós), la palabra «cristo» (jristós) y la expresión «espíritu santo» («pnéuma háguion»), por lo general no reciben ningún tratamiento especial, sino que se usan como palabras comunes y corrientes, sujetas a las normas comunes de la gramática griega.

Me explico. Las palabras mencionadas («theós»: dios; «páter»: padre; «juiós»:  hijos; «cristo»: jristós; la frase «espíritu santo»: pnéuma háguion) sólo van con letra inicial mayúscula, cuando inician un párrafo, una oración, o van después de un punto, así de simple, por supuesto, siempre y cuando no estemos frente a un manuscrito escrito por completo en mayúsculas o capitales (manuscritos unciales).

Entonces, ¿son más sagradas las versiones de la Biblia que la «Biblia madre», «la Biblia fuente»? ¿Quién debería  ajustarse a quién? ¿Corregiremos los «textos fuentes» para que se ajusten a las traducciones y versiones de la Biblia, o asumiremos una postura crítica frente a las traducciones y versiones precisamente con base en la «Biblia madre», «la Biblia fuente»?

Pero, ¿y qué del ADN de los «textos fuentes» (“los textos bíblicos en sus idiomas originales”) que deberían tener y caracterizar a los «textos receptores» (los traducidos, las traducciones y versiones de la Biblia)?

En resumen, ¿ajustaremos la «Biblia madre» (“los textos bíblicos en sus idiomas originales”) a las versiones, o ajustaremos las versiones a la «Biblia madre», la Biblia fuente»?

Ahora bien, lo que estamos diciendo no significa que nos mostremos en total desacuerdo con el tratamiento especial a los nombres de la deidad, al escribirlo siempre y al margen de toda regla gramatical, con letra inicial mayúscula.

El escribir con una inicial mayúscula los nombres relacionados con la deidad, no es una práctica ni una exigencia bíblica

En realidad nuestro objetivo es más bien hacer saber, crear conciencia, poner al tanto a las personas que no tienen acceso a la Biblia en sus idiomas originales, que la práctica de escribir siempre con letra inicial mayúscula los nombres relacionados con la deidad; es una práctica piadosa, loable, que respetamos, que puede ser asumida, pero que en realidad no es una cuestión bíblica, que no se sustenta en una práctica desarrollada y empleada en los textos bíblicos en sus idiomas originales.

Consecuentemente, si bien se toma distancia del convencionalismo que he mencionado, según lo subraya Manuel Seco, en la tradición cristiana (cuando escribimos con inicial minúscula los nombres relacionados con la deidad); no obstante, dicha alejamiento no necesariamente implica una falta de respeto, una actitud herética, ya que, después de todo, no fue una práctica que caracterizó el trabajo literario de los hoy considerados “hagiógrafos”, o “escritores sagrados”.

En tal sentido, por ejemplo, si bien en el texto hebreo hay evidencias del empleo de ciertas letras con un tamaño más grande de lo normal (agrandadas: «rabatí») en unos muy pocos casos; esto no significa, por supuesto, el establecimiento de una distinción a la manera de mayúsculas y minúsculas.

Por otro lado, además de que no sabemos con exactitud las razones para el empleo de una letra con este tamaño inusual (agrandada), en el texto hebreo; no es menos cierto que este agrandamiento en el tamaño de la letra no es equivalente ni equiparable el empleo de una inicial mayúscula para los nombres relativos a la deidad en la lengua española, en el contexto de la tradición cristiana.

Luego, de los tres casos de una letra agrandada que podemos observar en el Códice de Leningrado (Números 25.5; Deuteronomio 6.4 -dos veces, «Masora, la transmisión de la tradición de la Biblia Hebrea»); llama la atención que la Septuaginta, por su parte, no refleja en modo alguno este fenómeno. Por otro lado, no podemos obviar que la práctica del agrandamiento de una letra en el texto hebreo, no se aplicó a los nombres divinos (por ejemplo, «’adonay», «’elojim», etc.), ni siquiera al nombre sagrado representado por el tetragrámaton («YHVH»).

Por supuesto y, para ser consistente, debo decir que el trato especial, en lo que respecta estrictamente a tetragrámaton, se puso de relieve con la vocalización que fue aplicada al mismo en el texto masorético, como una manera sutil de ocultar su originaria y verdadera pronunciación.

En conclusión, la práctica de emplear siempre una letra inicial mayúscula para los nombres de la deidad en la tradición judeocristiana (en la línea de los «nomina sacra», aunque en forma abreviada si bien en mayúsculas), es un recurso muy empleado por las versiones de la Biblia, un recurso piadoso, que comprendemos y que hasta podemos respetar; pero después de todo, no es menos cierto que es una cuestión que en honor a la verdad no tiene paralelo en los textos bíblicos en sus idiomas originales, a excepción de los «nomina sacra» (abreviados y sólo en mayúsculas), principalmente en los papiros.

Consecuentemente, podemos decir que el empleo de una letra inicial mayúscula para ciertos nombres considerados «sagrados»; es una práctica que tiene sus méritos, que comprendemos, que hasta cierto punto respetamos, y que no la combatimos; pero en honor a la verdad, se debe estar consciente de que en realidad no es una práctica bíblica, no es un recurso demandado por la Biblia misma, ni establecida con base en ella misma, de modo que el no mostrarse apegado a ella en algún momento, deba entenderse como una clara  indicación de una actitud herética e irrespetuosa (una señal de falta de piedad), así de sencillo.

 

¡Hasta la próxima!

 

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