Análisis del texto hebreo del Salmo 23.1, propuestas de traducción con base en el análisis gramatical del texto hebreo y griego

Mi aporte personal

 Héctor B. Olea C.

El factor del tiempo gramatical

En primer lugar, a pesar de que al menos dos versiones de la Biblia han traducido empleando el tiempo presente, La Nueva Biblia Española («El Señor es mi pastor: nada me falta»), y la llamada Biblia Universidad de Jerusalén («Adonai es mi pastor, nada me falta»”); lo cierto es que a la luz de la forma verbal hebrea empleado por el salmista, el tiempo futuro debe ser la primera opción.

En tal sentido, a lo que el texto hebreo respecta (texto masorético), no se puede perder de vista que, en efecto, la forma verbal «ejsar» (del verbo «jasar») corresponde al tiempo o estado imperfecto que, por lo general, hace referencia a una acción por realizar, no terminada, un hecho futuro.

Además, en lo que a la clásica traducción griega se refiere, la Septuaginta, tampoco es posible obviar que, efectivamente, ésta tradujo la forma verbal «ejsar» con el tiempo futuro, con la forma verbal «justerései» (en tiempo futuro, del verbo «justeréo»).

Por otro lado, antes de abordar la cuestión semántica de la forma verbal «ejsar», es preciso decir que la misma tiene como sujeto agente a la primera persona común singular, o sea, «yo». Pero en relación a la forma verbal empleada por la Septuaginta, o sea,  «justerései», debo decir que la misma tiene como sujeto agente, por su redacción y sintaxis, a la tercera persona del singular, «él» («ella»).

El factor de la carga semántica de los verbos empleados 

Ahora bien, en cuanto al contenido semántico de la forma verbal hebrea «ejsar» (unida a la partícula de negación no («lo’»), conviene precisar que el verbo «jasar» tiene como primarias las siguientes acepciones:

En primer lugar, según el «Diccionario Bíblico Hebreo – Español» de Schokel: Faltar, no haber; necesitar, carecer, echar de menos, echar en falta, tener-pasar necesidad; disminuir, mermar, menguar, agotarse.  

En segundo lugar, según el «Diccionario de Hebreo Bíblico» de Moisés Chávez: Decrecer, reducirse, faltar, privar de algo, hacer que algo sea menos o menor, tener falta.

En tercer lugar, según el «Diccionario Bíblico Hebreo–Español, Español-Hebreo», de Jaime Vázquez Allegue: Disminuir, faltar, carecer, rebajar.

Consecuentemente, atendiendo a las acepciones mencionadas del verbo «jasar», a la luz del estado o tiempo imperfecto en que se encuentra dicha forma verbal, considerando que el sujeto agente de la forma verbal «ejsar» es la primera persona común singular («yo»); paso a proponer las que a nuestro juicio son traducciones primarias y acertadas de la frase hebrea «lo’ ejsar», a la luz de la que los tres diccionarios mencionados colocan como primera acepción del verbo «jasar».

Siguiendo el «Diccionario Bíblico Hebreo – Español» de Schokel: “no tendré falta de pasto”, “no estaré necesitado”, “no tendré necesidad”, “no pasaré necesidad”. Luego: «El Señor es quien me pastorea, no tendré falta de pasto (no tendré necesidad)».

Siguiendo el «Diccionario de Hebreo Bíblico» de Moisés Chávez: “no estaré o seré decrecido”, “no me veré reducido”, “no me faltará pasto”, “no tendré necesidad”. Luego: «El Señor es quien me pastorea, no seré decrecido» (no me veré reducido, no me faltará pasto).

Siguiendo el «Diccionario Bíblico Hebreo–Español, Español-Hebreo» de Jaime Vázquez Allegue: “no seré disminuido”, “no tendré falta de pasto”, “no careceré de nada”, “no seré rebajado”. Luego: «El Señor es quien me pastorea, no seré disminuido» (no serán disminuidos mis recursos, no tendré falta de pasto).

Traducción del Salmo 23.1 en conformidad al texto griego de la Septuaginta

Ahora bien, el texto griego que leemos como traducción en la Septuaginta del texto hebreo del Salmo 23.1 (Salmo 22.1 en la Septuaginta), o sea, «kúrios poimáinei me, kái udén me justerései», demanda la siguiente traducción: «El Señor me pastorea, y nada me faltará» (no careceré de nada).

Precisamente y, en tal sentido, va la traducción hecha por Junemann en su versión de la Septuaginta: «El Señor me pastorea; y nada me faltará».

Consecuentemente y, finalmente, pienso que a la luz del análisis que hemos realizado, la traducción tradicional «nada me faltará», si bien en cierto sentido se ajusta más bien, literalmente (por equivalencia formal), al texto griego de la Septuaginta; no es menos cierto que a la luz de los muy conocidos diccionarios que he mencionado, tampoco es una mala traducción, siempre y cuando se entienda en el contexto de la relación que establecen las metáforas «pastor» y «ovejas».

En tal sentido, la traducción «nada me faltará» no es descabellada, sólo si se entiende como equivalente a: “no me faltará pasto”, “no tendré necesidad de pasto”, “no careceré de pasto”, “no careceré de sustento”, “no será reducido o disminuido mi pasto”.

Además, no es posible perder de vista que la declaración del Salmo 23.1 (pero 22.1 en la Septuaginta), es en realidad una canción, una composición poética, no una promesa o ley de causa y efecto que dé por sentado, que dé garantías de que la persona que confesionalmente asuma a Dios, al Señor como su rector y guía (o que Dios la ha escogido a ella), no tendrá carencias materiales y que, al margen de todo y cualquier elemento (o variable) de carácter socioeconómico, político y cultural, incluso personal, será exitosa (tal vez rica y repleta de bienes) en términos económicos y financieros (¿teología de la prosperidad?).

En suma, a la luz de todos los factores considerados, a nuestro juicio, una acertada traducción del Salmo 23.1, a la luz de la relación que establecen las metáforas «pastor» y «ovejas» (Salmo 23.1 y 2), es: «El Señor es quien me pastorea, mi pasto no faltará» (no me faltarán las condiciones adecuadas, las condiciones mínimas para subsistir como oveja), así de sencillo.

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